Introducción a la Historia de Wallmapu (País Mapuche)

Esta columna tiene por objeto introducirnos en lo que el mundo Wigka (extranjero) y nosotros los Mapuche entendemos por historia, y señalar, además, cuál es la perspectiva desde donde contamos nuestra historia.  Primero que todo trataremos someramente lo que el mundo Wigka entendió y entiende por la historia, esto en atención a que muchos de nuestros lectores, si no la mayoría, son formados-educados y vividos desde y en una óptica y concepción de vida distinta a la nuestra, por lo que nos será mas fácil transmitir nuestro enfoque mencionando primeramente y grosso modo el enfoque del extranjero.

¿Qué es la historia para el wigka?

Un concepto amplísimo de historia diría que “es el estudio de hechos y fenómenos anteriores trascendentes para la humanidad”, es decir, el estudio de la historia se entiende como el estudio de todo lo anterior, asociado popularmente a todo lo que antiguamente le aconteció al Hombre. 

Como la materia de estudio es nuestra Historia, es decir, la Historia de Wallmapu o País Mapuche, nos importa analizar directamente las fuentes que constituyen nuestra historia, partiendo como ya lo señalamos, por la del mundo exterior.

Los primeros Wigka que llegaron a nuestra mapu (tierra), como es natural, vivieron una serie de experiencias buenas y malas gestadas a raíz de sus deseos de enriquecerse y obtener fama; estos Wigka se mantuvieron permanentemente en contacto con el mundo exterior por medio de cartas y “lenguas” que enviaban por mar y por tierra a sus coterráneos con múltiples finalidades; estas cartas y lenguas, sin saberlo y sin quererlo, fueron los primeros testimonios que quedaron registrados sobre nuestro país; en el primer caso, el testimonio material eran las cartas, y en el segundo, los relatos y experiencias que posteriormente se estamparon en el papel por algún cronista, o que quedó en la memoria social de aquellas gentes.

Los relatos y cartas fueron tomados por algunos Españoles, que motivados por diversas razones, quisieron dejar testimonio de todo lo que vieron y oyeron. Estos extranjeros son conocidos hasta el día de hoy con el nombre de cronistas; quiénes registraron para la posteridad nuestras costumbres, leyes, hechos heroicos, “próceres”, modus vivendi, lengua, formas, cosmovisión, es decir, nuestro Ethos.

 Los cronistas fueron aventureros, soldados y clérigos en su mayoría, que abordaban todas las materias que sus ojos y oídos les iban relatando. En general se dedicaron a relatar los hechos desde enfoques generales, sin entrar en minuciosidades que hoy valoraríamos enormemente; aún así, existen excepciones notables como son el soldado Alonso González de Nájera, Alonso de Ovalle, Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán y el sacerdote Diego de Rosales.

Ya en el siglo XVIII de la era Cristiana, algunos autores comenzaron a estudiar los relatos de los cronistas y a generar trabajos que englobaban la totalidad de las crónicas, analizándolas y comparándolas entre sí para llegar a conclusiones, además de consignar sus propias experiencias en sus muy elaborados textos.

En el Siglo XIX se gestaron las obras magnas de la Historia Chilena (Barros Arana, Vicuña Mackena), quienes hasta pleno siglo XXI influyen poderosamente en las corrientes doctrinarias y en las aulas de los colegios. Estos historiadores analizaron, estudiaron, contrastaron y concluyeron sobre casi todos los hechos que habían sucedido en la franja y angosta faja de tierra. Ya en el siglo XX se produjo un continuismo en la concepción historiográfica con una incipiente historiografía “contestataria” de la tradicional, para finalmente llegar a ser muy influyente a nivel intelectual, no así a nivel popular por continuar la educación Encinista en las aulas de los colegios.

De un modo extremadamente general hemos resumido la evolución de la Historia de España en la Gobernación de Chile y de la posterior Historia de Chile en la ahora República de Chile.

Cuando estudiamos las crónicas, consideramos la época en que fueron escritas, sus circunstancias y quienes las escribieron; en ellas encontramos interesantísimos antecedentes de nuestros antepasados y de sus relaciones con los invasores, pero también observamos prejuicios, interpretaciones antojadizas y convenientes, juicios y errores enormes por no decir horribles respecto a nuestro Ser Mapuche. Estos últimos aspectos, los detectamos para poder rescatar lo mejor y más puro del texto, es decir, generamos un proceso de limpieza de las impurezas que pretende obtener lo más rico de la crónica.

Los relatos de quienes escribieron sobre nuestro az-mongeñ (leyes de vida) en los siglos siguientes, no se encuentran exentos de menciones cargadas de racismo, sentimiento de superioridad cultural, malas interpretaciones, burlas y en general todo tipo de prejuicios y juicios de valor occidentales, pero aún así, con interesantes y valorables menciones.

El problema con la historiografía chilena y argentina hasta nuestros días, proviene de la ideologizada interpretación y estudio de nuestro Az-Mongeñ, (entiéndase historiografía Chilena y Argentina producida por aquellos que escribieron en dichos países post- guerra de independencia). Sus corrientes doctrinarias han omitido, y porque no decirlo, ocultado muchos de los relatos de los españoles e incluso chilenos y argentinos que ponen o ascienden nuestra cultura a sus “estadios o peldaños” más avanzados de “civilización”, ahí callan, omiten o simplemente dicen lo que no es verdadero, lo no cierto.

Algunos ejemplos de esta repudiable práctica dicen relación con la negación de nuestro complejo ordenamiento jurídico, que ellos ni siquiera catalogan de ordenamiento jurídico consuetudinario, si no que lo atribuyen “a una serie de prácticas y costumbres”. Niegan la valides de nuestros Tratados Internacionales celebrados con España, Chile y Argentina; niegan nuestra cosmovisión en sus aspectos más evidentes como decir que asimilan el concepto de Pillañ con el del demonio Cristiano, y hasta el día de hoy; mencionan una forma de vida que no es, ni fue nuestro, como es describirnos como gente desnuda que usaba taparrabos, contradiciendo los relatos de todos los cronistas españoles, y las leyes más básicas de la lógica en el sentido de plantear siquiera la posibilidad remota de que seres humanos puedan sobrevivir a las bajas temperaturas de nuestro país; señalan como parte de la Historia de Chile y de Argentina todos los hechos ocurridos desde siempre en la parte sur de Sudamérica, considerando que Chile y Argentina nacieron como países después de la guerra de independencia, incluyendo además, la Historia de Wallmapu como historia de Chile y Argentina, a pesar que vivíamos de manera totalmente independiente y soberana; señalan que éramos horticultores, cazadores y agricultores incipientes; pero resulta que los Españoles señalan que éramos pastores de weke y con una agricultura muy difundida y masiva, sin perjuicio de cazar y practicar la horticultura.

Todo lo anterior fue escrito en el contexto de guerra que nuestro país tuvo con Chile y Argentina. En resumidas cuentas, sin perjuicio que la historiografía Chileno-Argentina, que nosotros llamamos antigua, realiza aportes no menores al estudio de la Historia de Wallmapu, creemos que muchos de sus postulados y verdades transmitidas a sus pueblos en las aulas de colegios y universidades por mas de un siglo y medio, han sido construidas y manipuladas para justificar en un primer momento y ahora mantener, la invasión y posterior ocupación militar de los Ejércitos de los Andes a nuestro país. Para nosotros ya es grave que se enseñe poco o nada de historia Mapuche en los colegios, pero es inaceptable que esa historia esté totalmente ideologizada.

Actualmente la Historiografía chileno-argentina ha dado un vuelco en el estudio de nuestra historia, en cuanto a investigar y llegar a conclusiones sin los anteojos culturales propios o al menos intentándolo, y sin conservar y ahora denunciar aquella historia proselitista producida por la antigua historiografía aliada (Chilena-Argentina).

Ya analizamos latamente en líneas muy generales la historiografía wigka que estudia, consigna y analiza nuestro pasado como nacionales Mapuche. Ahora analizaremos la Historia de Wallmapu o Wallmapunutxam, desde nuestros ojos, nuestras vivencias, nuestro ngey (ser), nuestra identidad y en general, desde como la juzgamos los Mapuche dentro de nuestra concepción del universo.

Continuando la idea del párrafo anterior, no podemos negar la enorme importancia que tienen los relatos de los cronistas Españoles, Chilenos, Argentinos o de cualquier otro país; sus aportes, si bien cargados de prejuicios personales y culturales, los pulimos y desglosamos tratando dentro de lo posible interpretar las realidades y formas de vida de aquel entonces, ignorando o invisibilizando el prejuicio, para obtener finalmente una información depurada.

Nuxtam le llamamos nosotros a la historia, es el recuerdo de los vuxakecheyem, los antepasados, sus hazañas, sus sufrimientos, sus alegrías, el Az-Mongeñ o código en que debe vivirse, el Az-Mapu o leyes de la tierra, es decir, del país, los epew (cuentos), en fin, la transmisión de todo lo que aconteció.

Nuestra historia se transmitía y transmite de forma oral por un peñi (hermano) señalado para tales efectos. Cada lov o comunidad tenía uno o más weupive o nutxamtuve como se le llama en otros territorios. Los weupive son elegidos desde pequeños para cumplir este rol, su misión es compleja y trabajosa; son elegidos por el lov o simplemente educados por otro weupive que le transmite su conocimiento oral que deben memorizar, no sólo aprender y conocer, sino que memorizar para traspasarlo tal cual se los traspasaron a sus kumeltuve (educadores) y así sucesivamente. La memorización no tiene que ver sólo con el aprendizaje de las palabras, sino que también con el aprendizaje de las entonaciones y gesticulaciones del relato, va de la mano con el hermoso arte de la oratoria, del discurso público. A éstos Ovalle les llama “archivadores”: “el archivo de aquel pueblo servía para mantener la memoria de lo sucedido desde el diluvio, era obligado a repetirlo todos los días de fiesta al son del tambor, y para que esta memoria no faltase jamás tenía obligación de ir industriando a otros, que después de sus días le suceden en este oficio […]” (Ovalle, 1646).

El concepto de la historia para nosotros es diferente al que tiene el wigka. La historia de nuestro país abarca todo lo que significa para el wigka su historia o la historia en general; tiene un sentido conmemorativo, de estudio e identitario, pero con un grado de significación y profundidad diferente.

Los antiguos viven entre nosotros en un estado diferente, están presentes en nuestra cotidianeidad al igual que los ngen (espíritus protectores de ciertos elementos); la tierra nos provee, nos cobija y es nuestro espacio de interacción social y religiosa; Chachai Dios nos protege y bendice diariamente, es quién ha visto pasar los tiempos y a los abuelos por la mapu, es quién finalmente inclina la balanza en nuestro favor o en nuestra contra, dependiendo de nuestro cumplimiento irrestricto o no del az-mongeñ y del az-mapu; nuestro futuro dependerá siempre de nuestro pasado remoto o próximo y de nuestra relación con los ancestros, los ngen, Dios y la tierra entre otras cosas.

Eso es la historia para nosotros, no implica un momento, un suceso recordado como pueblo, es más, no solo significa un hecho del cual debemos aprender, sino que implica una forma de vida que debemos mantener, proteger y conservar en el tiempo para agradar a los antiguos y no enfadar a Dios. Somos un pueblo conservador que se aferra a su pasado, un pasado que influye directamente en nuestra vida diaria y en todos los aspectos de nuestro ser.

Debido a esta concepción de la historia es que logramos desarrollar nuestro complejo sistema político, fundado sólidamente sobre la tradición y la historia. Este proceso permitió mantener nuestro ADN, nuestra columna, nuestro soporte nacional y permearlo, vestirlo o construir sobre él con aquellos elementos que nos eran beneficiosos del mundo Inka, andino en general y español. Si observamos las instituciones y modo de vida de los nacionales del País Mapuche a lo largo de la historia documentada y transmitida oralmente, podemos constatar una cierta continuidad en sus formas y en sus elementos centrales, sus pilares o ADN hasta el día de hoy. Esta continuidad se la debemos al uso del Az (tradición) y el Nutxam (historia) como principal hilo continuador y conductor de nuestra forma de Gobernarnos.

Si recordamos la derrota del General Kalvukura contra los argentinos en San Carlos, podemos verificar que fue atribuida al no cumplimiento de la tradición histórica de nuestro pueblo. Antes de salir a la guerra se hacía Ngillatún, días antes de la ceremonia, Kalvukura soñó que debía sacrificar a dos argentinos en la rogativa, hizo ngulam (consejo) y lo planteó a los kimche, quienes le dijeron que era la voluntad de Dios. Cuando estaba preparado el sacrificio, Kalvukura se compadeció de los ruegos y súplicas de los argentinos, y ordenó detener el sacrificio. Según los antiguos, esta desobediencia de la orden de Dios y la ruptura con la tradición histórica significaron el descalabro.

El Ngillatun, y en general todos los actos públicos, significan para nosotros rememorar, recordar, revivir lo que fuimos y traer a quienes vivieron a la conversación. Los ngillatuwe (campos de ngillatun) son lugares muy antiguos donde se vivieron muchas experiencias sagradas y donde pasó mucha gente importante. En ellos se une el pasado de nuestra nación, el presente y el futuro, vale decir, se genera una suerte de espacio atemporal donde se comparte con los antepasados y se construye el futuro. En toda rogativa se recuerda a los miembros de antaño de las comunidades participantes, sus actos en vida, se recuerdan los tiempos antiguos, se vive el presente y se pide por el futuro. Este acto social y religioso no tiene un sentido romántico, sino que tiene por objeto unir tiempos, mantener, revivir y seguir siendo lo que es y se fue, representa la continuidad misma como nación. También fortalece, refuerza y da vigor a nuestras autoridades tradicionales, sostenedoras y protectoras en la actualidad de lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. 

En resumen, la Historia de Wallmapu tiene para nosotros una significación profunda, el nutxam no es sólo una historia para ser registrada en libros, el nutxam forma parte importante en nuestra cotidianidad, es uno de los motores y bases de nuestro presente y constructora de nuestro futuro.

La forma de transmitir la Historia que empleamos y emplearemos, será la historia que llamamos historia del inchiñ, es decir, desde el nosotros. Queremos contar los episodios que nos ha tocado vivir como pueblo desde nuestra realidad, experiencia y vivencia. Relatar, y porqué no, juzgar los hechos como Mapuche. Contar la Historia de Wallmapu o País Mapuche, como País libre y soberano que fuimos y no como país sometido y subyugado. Queremos transmitir la Historia Mapuche como Historia Mapuche y contarla como tales, es decir, como Mapuche y no relatarla como Historia chileno-argentina y contarla como chilenos o argentinos.

Mapuche ta inchiñ, Mapuche Mapu Mapuche ngey. “Kalvukura”

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